LA MAGIA DE LA GRATITUD

LA MAGIA DE LA GRATITUD

Gracias es un mantra extraordinario, una de las palabras más poderosas que podemos pronunciar.

Una palabra capaz de generar de forma automática una sensación de positiva apertura emocional que escapa de nuestro pecho acompañada de toques de bondad y elevación. Es posible que con independencia del idioma en el que la pronunciemos, cuando lo hacemos con honestidad, la gestualidad de nuestro cuerpo es capaz de comunicar la gratitud sin necesidad de tener que entender las palabras usadas. La gratitud es una energía motivadora que nos moviliza para que tomemos partido y manifestemos o ejecutemos acciones positivas hacia quien se ha mostrado generoso con nosotros.

Es evidente que la gratitud se puede experimentar en diferentes contextos, pudiendo sentirla ante un favor, regalo o comportamiento amable del que somos receptores, o bien de una forma más abstracta, como una actitud global y atemporal al evaluar nuestra salud, relaciones o itinerario vital. Pero hay más. Si lo meditamos un instante, nos daremos cuenta de que la intensidad de la gratitud no es la misma cuando recibimos un favor que previamente hemos pedido, que cuando inesperadamente recibimos esa ayuda necesitándola. Cuando pedimos un favor experimentamos gratitud, obviamente, pero muchas veces nos sentimos también en deuda y con el compromiso de compensarlo en busca de calma emocional, al contrario que cuando irrumpe con su luz y dicha un acontecimiento inesperado que mejora nuestra vida. En ese caso, el acto de generosidad que recibimos nos puede desconcertar, porque podemos considerar que no lo merecemos.

De cualquier modo, y dejando a un lado estos y otros matices, aunque asociamos la gratitud a mostrar agradecimiento por las cosas buenas que nos suceden, solemos olvidar que otra expresión de esta es la de saber recibirla cuando somos nosotros el vehículo del bienestar de otros. Una influyente veterana del crecimiento personal, Louise L. Hay, solía decir que «el Universo da con abundancia y generosidad, y le gusta que se le dé las gracias». Podemos aprender con facilidad que mostrarnos agradecidos es un acto de saludable y reconfortante justicia moral, pero también debemos aprender a recibir y a aceptar las muestras de gratitud que recibimos por las cosas buenas que podemos haber hecho por otros, principalmente cuando las realizamos de forma desinteresada sin esperar nada a cambio. Ahí radica una de las claves de la gratitud: no esperar nada a cambio y no generar endeudamiento en el otro.

SIETE ACCIONES PARA TU DIARIO DE GRATITUD

¿Qué tal si comenzamos a practicar la gratitud tomando conciencia de las cosas buenas que nos pasan en la vida? Elaborar un Diario Personal de Gratitud es un buen comienzo. Toma el tiempo que necesites para encontrar un cuaderno que sea especial para ti. No olvides que te acompañara durante cierto tiempo, al menos hasta que la gratitud sea una actitud interiorizada.

◗ La primera acción de gratitud a plasmar en tu cuaderno podría ser precisamente dar gracias por tener la oportunidad y lucidez de hacerlo, lo que implica cosas como haber tomado conciencia de esa carencia en tu vida y la decisión de actuar para cambiar.

◗ A partir de ahí, cada noche antes de acostarte dedica unos minutos a reflejar las cosas buenas que te han sucedido durante ese día, al menos las principales. Ese balance al final de la jornada te ayudará a tenerlas más presentes, a tomar una mayor conciencia de ellas. Piensa un instante en cómo transformaron tu día, en lo que podría haber sucedido si tal o cual hecho no se llegara a producir, y da las gracias por haber sido receptor de estas: encontrar un aparcamiento a tiempo, haber estado lúcido en el examen, recibir una sonrisa o elogio, etc.

◗ Siente gratitud por la persona o ente que lo hizo posible, y si tienes inquietudes espirituales y trascendentes, siéntete agradecido también con el Universo, Dios, El Destino, Tu Guía Personal o como quiera que percibas y definas ese nivel superior al que sientes estar conectado y que da cohesión y sentido a todo lo que concurre en tu vida.

◗ Al cabo de una semana, intercala una página de tu diario con una relación de cinco cosas que forman parte de tu vida y que contribuyen a mejorarla. Deben ser cinco cosas que están normalizadas en tu día a día, que das por sentadas: tener un trabajo digno, una salud óptima, haber recibido educación, crecer con afecto familiar, disponer de un coche o no necesitarlo, tener amigos, vivir en un país sin guerras, disponer de agua corriente y electricidad en tu casa… Elabora esa lista de cinco elementos durante dos semanas, intercalándola con las listas diarias de gratitud. Hazlo por escrito y toma conciencia de que no podemos dar nada por sentado y de que agradecer es una forma de darle valor a las cosas.

◗ Otro ejercicio de gratitud que puedes incorporar a tu diario es comparar tu vida de arriba a abajo. Habitualmente nos centramos en las carencias, en lo que nos falta, en lo que deseamos y no conseguimos. Esa forma de comprar de abajo hacia arriba puede tener un efecto motivador, ayudarnos a trazar metas y mejorar, pero por lo general suele ser turbadora y nos ciega frente a las bendiciones con las que contamos. Por eso, dedica un tiempo a analizar lo diferente que podría ser tu vida si carecieras de algún recurso o comodidad. Y no te olvides de dar las gracias por ello.

◗ Un día que te sientes inspirado, podrías pensar en alguien de tu pasado: un amigo, un familiar, un profesor… y agradecerle en persona lo que pudo haber hecho por ti. Repasa primero ese acontecimiento, esa influencia positiva que ejerció en tu vida. Puedes hacerlo por carta, e-mail, cara a cara o con un mensaje de texto.

◗ Aprender a agradecer los problemas, las contrariedades, es un ejercicio de gratitud para alumnos avanzados, pero estoy seguro de que el lector llegará pronto a ese nivel. La realidad es que en algún momento nos veremos afectados por ellos. Los rechazaremos, nos enfadarán, pero podemos gestionar de forma eficiente todas esas humanas reacciones si damos las gracias por las lecciones que nos proporcionan esas adversidades. 

FUENTE:

POR JOSÉ GREGORIO GONZÁLEZ

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