Hazte consciente de tu presente.
La naturaleza nos ocupa y nos cuenta historias sobre nosotros mismos. Solo tenemos que conectar con ella. Fundirnos con ella siempre que podamos. Ir a la montaña, al mar, incluso a un parque con árboles.
Cada paso a través de ella nos vigoriza y nos fortalece. Siempre que puedas, elige: lo que ves en televisión, qué hacer en tu tiempo libre, a qué dedicar tus días, lo que lees, con quiénes pasar tu tiempo… es otra forma de alimento.
Así que no le demos tanta importancia a todo, y no nos creamos tanto a nuestros personajes. Esos que usamos para relacionarnos con el mundo y con nosotros mismos. Cuidemos las relaciones con los demás y la que tenemos con nosotros mismos.

Una sencilla práctica de atención:
Caminando por la playa, la montaña, camino al trabajo, en casa… traeremos nuestra atención a nuestras pisadas y sensaciones corporales mientras andamos. Levantaremos un pie y luego otro, y nos centraremos en las pisadas, solo en ellas.
Después… en los sonidos que nos rodean. en la brisa del viento sobre nuestra cara. Si nos acompaña alguien o nuestro perro, nos hacemos conscientes de ellos, del sonido de sus pisadas y de las nuestras. Del lugar en el que nos encontramos, si hay árboles, mar y arena o coches.