El amor es una de las experiencias más profundas que puede vivir el ser humano. Nos conecta, nos expande y nos invita a abrir el corazón con valentía. Amar no es solo sentir, es elegir, es estar presente, es aprender a compartir sin perderse a uno mismo. El amor auténtico no nace desde la carencia, sino desde la conciencia de quién se conoce y se respeta.
Cuando amamos desde un lugar sano, comprendemos que el otro no viene a completarnos, sino a acompañarnos. El amor se construye con comunicación, respeto y responsabilidad emocional. No es perfecto, pero sí real. Y en ese camino, inevitablemente, también aparece su otra cara: el desamor.
El desamor como experiencia de transformación
El desamor llega cuando una relación cambia, se termina o deja de resonar con quienes somos. Duele porque toca nuestras expectativas, nuestras ilusiones y, muchas veces, nuestras heridas más profundas. No solo perdemos a una persona, también perdemos proyectos, rutinas y versiones de nosotros mismos que habíamos construido junto a ese vínculo.
Sin embargo, el desamor no es el final, sino una transición. Es un llamado a mirar hacia adentro y preguntarnos qué estamos aprendiendo. Muchas veces, el dolor aparece para mostrarnos dónde nos habíamos olvidado de nosotros, dónde habíamos cedido más de lo que era sano o dónde buscábamos amor afuera sin dárnoslo primero.
Sanar para volver a amar
Sanar el desamor no implica borrar el pasado, sino integrarlo. Honrar lo vivido, agradecer lo aprendido y soltar con conciencia. Es un proceso que requiere tiempo, paciencia y autocompasión. Volver a elegirnos, reconstruir la autoestima y permitirnos sentir sin culpa es parte esencial del camino.
Cuando atravesamos el desamor con conciencia, nos preparamos para una nueva forma de amar: más madura, más auténtica y más alineada con nuestra esencia. Aprendemos a poner límites, a comunicarnos mejor y a elegir vínculos que sumen, no que resten.
Amor propio… el punto de partida
El amor más importante es el que construimos con nosotros mismos. Desde ahí, todo cambia. Cuando nos amamos, dejamos de conformarnos con menos de lo que merecemos y comenzamos a crear relaciones más sanas y conscientes.
Amor y desamor no son opuestos, son maestros. Ambos nos guían, nos despiertan y nos recuerdan que cada experiencia tiene un propósito. Y cuando entendemos esto, el corazón deja de cerrarse y aprende a amar con más sabiduría.
MaryALe @piensoenpositivo
@maryalenpositivo