LA FASCINANTE RELACIÓN ENTRE SEXO Y HUMOR

Admin/ septiembre 11, 2021/ Mensajes positivos

Todo empieza con una sonrisa. Si la mirada localiza y percibe posibilidades amatorias, es la sonrisa la que las confirma. Los amantes se convierten en amantes al sonreírse, cuando el humor ha establecido una estrecha vinculación entre ellos. No nos lo cuentan las crónicas, pero con seguridad que Julieta Capuleto y Romeo Montesco se sonrieron, como lo hicieron Helena y Paris, Bonnie y Clyde o Shah Jahan y Mumtaz Mahal. Luego, cada historia tuvo su particular desenlace, de la guerra de Troya al Taj Mahal, pero lo que todas compartieron, sin duda, fue una sonrisa inicial. Nuestra condición de seres dotados de humor que se sonríen y la de seres sexuados que interaccionan eróticamente guardan una estrecha y fascinante relación. Una historia de afinidades, complementariedades y coincidencias tan estrechamente ligadas que casi se podría afirmar que sin el sentido del humor una interacción siempre está en carencia y, sin el hecho sexual humano, no tendríamos por qué reírnos. La primera afinidad que comparten humor y sexo es el acortamiento de la distancia. Decía Bernard Shaw que “la distancia más corta entre dos seres humanos es la risa”. Si alguien le puede disputar a la risa esa primacía de acortar la distancia es el sexo. Sin importar la distancia espacial, la distancia existencial se estrecha inevitablemente; los que se ríen juntos y los que se besan están muy cerca, por más que se puedan encontrar a miles de kilómetros y su conexión se realice por dispositivos telemáticos.

La risa, como el sexo, sintoniza a quienes ríen y a los amantes de forma que los pone en la misma onda; los unifica en el modo de entender el mundo, los hermana y los obliga a compartir intimidad, con lo que se otorgan el uno al otro una primacía en las respectivas jerarquías de los afectos. Es precisamente ese reducir la distancia lo que hace del humor el gran conformador de comunidad, de individuos agrupados, asociados por un elemento común que los unifica; lo que les hace reír. Su carácter colectivo se ve en cómo se contagia: si uno empieza a reír en un grupo, pronto estarán todos riendo; si se genera un estímulo de deseo carnal, por ejemplo, asistiendo a una representación erótica, pronto quienes la observan se sentirán libidinalmente deseosos. Apreciamos lo mismo y nos convencemos mutuamente.

Este concepto de convencer para estar juntos sin que haya una gran separación guarda una estrecha relación con el de seducir. Proviene del latín seducere, que depende de ducere, “guiar”, “conducir”, sacar a uno de su posición para conducirlo hacia la posición que el otro quiere. En su acepción negativa, próxima a la manipulación, la seducción no acarrea necesariamente ni risa ni sexo, pero en la risa y el sexo son los implicados los que se seducen mutuamente. Una sonrisa es la puerta de entrada, pero también la confirmación de que la seducción se ha producido. Quizá por eso el sentido del humor es el mecanismo más eficaz para seducir. Sobre todo, en nosotras, las mujeres, que valoramos ese ariete del humor como el más requerido para derribar las barreras.

Me comentaba una alta responsable de una red social que un reciente estudio corporativo mostraba que, en las plataformas de contacto, lo más solicitado por una mujer como característica destacable en su posible pareja es que tenga sentido del humor, del mismo modo que lo que más destacan los hombres en sus perfiles es que disponen de sentido del humor. Pero no es que busquemos cómicos vocacionales o payasos que se pasen el día contando chistes malos, sino que pretendemos lo que el verdadero sentido del humor refleja: capacidad crítica e inteligencia.

El motor de humor

En las situaciones de cortejo, el humor actúa como un excipiente que posibilita la actuación del principio activo, que sería amarse. La risa o la sonrisa es la muestra de satisfacción que anticipa que otra satisfacción va a producirse, que el deseo por compartir algo con el otro se ha manifestado de manera satisfactoria, que nuestro ser erótico que quiere estar “en relación con” se encuentra activo y alegre, que ya somos una apertura dispuesta a invadir y dejarse invadir. La privacidad se ablanda, está pronta a desaparecer. Y con su disolución emana algo más exclusivo para compartir: el secreto. Tanto en la risa como en el sexo hay una gran honestidad; si uno goza y se ríe, está siendo especialmente sincero.

Es cierto que un orgasmo puede fingirse y que una risotada puede ser falsa, pero las falsificaciones, en ambos terrenos, acaban siempre enseñando la cara. La honestidad facilita mostrarse sin tantos velos, sin tantas máscaras; la risa es el desnudo de mi conciencia; el resto de las desnudeces tiene vía libre para mostrarse. Todo empieza con una sonrisa. Todo lo que acabará desplegando la condición erótica y ejerciendo nuestras sexualidades empieza con el sentido del humor.

Fuente: Muy Interesante

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