ABANDONA LA QUEJA

Admin/ julio 10, 2021/ Mensajes positivos

Las personas que se abonan a las quejas resultan francamente antipáticas para quienes se ven obligados a convivir con ellas. El compañero de trabajo que achaca todos los problemas (los suyos y los del mundo) al gobierno de turno, el familiar que despliega una y otra vez su inventario de enfermedades, el náufrago del amor que se lamenta de su mala suerte, el desconfiado que señala culpables en todas partes…

Son perfiles humanos agotadores que, a la larga, ejercen de vampiros emocionales. Tras un tiempo demasiado prolongado en su compañía sentimos como si nos hubieran absorbido las fuerzas. No obstante, eso no significa que no haya formas positivas de emplear la compasión, tanto si la dirigimos a los demás como a nosotros mismos.

La compasión es la base de la moralidad según muchos pensadores. El filósofo alemán Arthur Schopenhauer decía que es el único comportamiento que posee verdadero valor moral y que genera simpatía, misericordia, perdón, altruismo y bondad amorosa.

Empezaremos el artículo distinguiendo su variante positiva de la negativa.

La autocompasión y la lástima por uno mismo

En muchos manuales de psicología se habla de la autocompasión como de una actitud a eliminar, pues es entendida como un sentimiento que produce rechazo e irritación en aquellos que nos rodean.

Sin embargo, no siempre es así. Nelson Mandela apuntó una vez que la compasión nos une como seres humanos, de forma que aprendemos a darle la vuelta al sufrimiento común para transformarlo en esperanza. Con la autocompasión sucede igual: la amabilidad hacia uno mismo, si no se convierte en victimismo, es un bálsamo para sanar las heridas y seguir hacia delante.

A menudo confundimos estos dos conceptos que, ciertamente, son difíciles de distinguir. Por un lado, existe la autocompasión, y por otro, la lástima por uno mismo que puede derivar en ese sentimiento perpetuo de descontento personal. Su parecido puede dar lugar a confusión, pero son dos actitudes que hay que tratar de forma diferenciada.

¿Qué es y que no es la autocompasión positiva?

La autocompasión puede ser beneficiosa en la medida que nos ayude a evolucionar como personas, mientras que el lamento del «pobre de mí» y la creencia de que todo lo que nos sucede es una injusticia nos envenena y se contagia a aquellos que nos rodean.

Según los expertos, para entender la autocompasión positiva es muy importante identificar sus tres componentes:

• La conciencia de uno mismo, que reside en saber observarnos sin por ello identificarnos con el problema.

• El humanitarismo que nos sirve para no caer en el error de pensar que sólo a nosotros nos suceden «estas cosas».

• La amabilidad hacia nosotros mismos, que consiste en ser comprensivo cuando pasamos por una etapa difícil, como cuando nos sentirnos poco atractivos, torpes, incompetentes, etc.

Deja de quejarte y serás feliz 

El humorista, actor y escritor británico Stephen Fry quiso una vez publicar un manual bajo el título How To Be Happy by Stephen Fry: Guaranteedsuccess (Cómo ser feliz con Stephen Fry: éxito garantizado) en el que sus páginas estuvieran en blanco y donde la única frase escrita al inicio del libro fuera: «Deja de quejarte y serás feliz». Fry proponía que el lector usara el resto del libro para escribir pensamientos interesantes, anécdotas, dibujar, etcétera. La idea era que se convirtiera en una guía personal que ayudaría al lector a olvidarse de sus problemas.

Dejar de dar vueltas a las dificultades pasa por la aceptación de uno mismo. El psicólogo estadounidense Clark Moustakas dijo en ese sentido: «Acepta todo lo que eres, y digo absolutamente todo. Tú eres tú, y eso incluye toda tu persona de principio a fin, sin disculpas ni arrepentimientos»

Las lamentaciones constantes destruyen las relaciones, puesto que las personas que adoptan una postura victimista se vuelven insoportables para su entorno. Anclarse en la queja permanente destruye la alegría de vivir y activa las profecías de auto cumplimiento: aquello que tememos, a fuerza de hacer pronósticos negativos, acaba sucediendo.

Pensar que la vida es injusta, que no nos valoran, que ojalá se hubiera tenido la ocasión de… y que las cosas habrían ido mejor si… nos instala en un circuito negativo propio de los perdedores que han renunciado a tomar el mando de su vida.

Tengamos compasión de los demás y de nosotros mismos, pero, sobre todo, tengamos compasión de nuestras ilusiones. Vivamos hacia delante y el mundo nos procurará territorios llenos de nuevas oportunidades.

Todos estamos en el mismo barco

Habría que considerar el papel de la compasión en la búsqueda de la paz. La compasión no sólo es lo que nos obliga a extender la preocupación moral y el compromiso más allá de nosotros mismos, sino también la inmersión total en la vida. La compasión es la conciencia de que todos estamos en el mismo barco y de que todos compartimos una situación existencial común en la medida en que los seres humanos (y no humanos) son vulnerables y, en un nivel muy básico, buscamos la seguridad y un entorno en el que prosperar biológicamente y perseguir algún tipo de satisfacción. Por eso estamos tan necesitados de tratamiento compasivo por parte de los demás, así como de nosotros mismos.

Michel Allen Fox

Satisfacer nuestro ego

“Como bien saben todos los terapeutas, el Ego no quiere poner fin a sus “problemas” porque forman parte de su identidad. Si nadie va a escuchar nuestras tristes historias, siempre podremos explicárselas a nuestras cabezas, una y otra vez, y sentir lástima por nosotros mismos para así adoptar la identidad de alguien que está siendo tratado injustamente por la vida y por los demás, el destino y Dios. Esto define bien nuestra propia imagen, nos convierte en alguien, y eso es todo lo que le importa a nuestro Ego.”

Eckhart Tolle.

Perdonarse a uno mismo

• Perdonar y olvidar no es lo mismo. Recordar los errores que hemos cometido nos ayudará en un futuro a actuar mejor. Debemos estar convencidos de que merecemos nuestra absolución, en caso contrario no lograremos pasar página.

• Pensar siempre en lo bien que nos irán las cosas si logramos deshacernos del sentimiento de culpabilidad. Nos habremos quitado un peso de encima y pasaremos a actuar como actores de nuestra vida, no como sujetos pasivos.

• No pensar nunca que los otros quieren que nos sintamos culpables. Las expectativas que tiene los demás sobre nosotros dependen en buena parte de nuestra actitud.

• Reducir, si es necesario, nuestras autoexigencias. No queramos ser siempre los mejores si ello conduce a un sentimiento de frustración constante.

Fuente: FRANZI ROSÉS & FRANCESC MIRALLES

NAMASTE

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